Es brava, la soledad
cuando no hay tapujos
ni rellenos que disimulen
las hendiduras
nI mármoles, ni enduídos
ni puerperios
que aminoren dolores post-párticos de la calera.
El ostracismo atávico en que nos empeñamos
puede llevarnos rápido
cuesta abajo
hacia abismos ignotos
de donde no saldremos
más que por mágicos destinos,
que nos redimen
y salvan a los puros, si pequeñines.
Pero un día vendrá...
sin reticencias,
sin arrepentimientos vanos, y pueriles
una angustia profunda,
tan cancerbera,
que por más que querramos
ya no podremos
deshacer tan maléfica hechicería
que hemos hecho solitos,
sin que mediaran
situaciones ni hechos,
más que porfías,
de nuestro propio espíritu,
y que quisimos
condenaran la rueda
de nuestro sino.
Bentancor Conde, María.
No hay comentarios:
Publicar un comentario