
Piano, viejo piano!
Qué tristeza me dá recordarte!
tantos recuerdos guardados en tu derredor!
Los deditos inexpertos de Ale y Valeria, arrancaron acordes en Do, Re, Mi, Fa!
tantas tardes de lluvia desgranaron las notas, que tras mucha paciencia consiguieron hilar.
Melodías non sanctas, tarareos pueriles, solfeos desgarrantes y un sinfín de compás!
Pero eso no es todo, desciplina mediante,
el "Himnario Adventista!, supo entonces gorjear
el abuelo pasaba, relojeaba de lejos
y la abuela impasible
no dejaba pausar.
Tantos son tus sonidos,
tanta escala leída,
en el ébano duro
te dejabas teclear.
y el marfil recalante
con su inmácula espuma
sus gorjeos de bajo
te hacía intercalar.
Así fuiste afinando,
de Las Piedras viniste
y nos acompañaste
tantas horas, de más...
Pero un día te fuiste...
volviste a tu comarca
quién fue el fórtuno dueño
no sabremos jamás...
Piano! Querido piano!
tus alados corceles, por dónde volarán?
Yo en mi pecho te llevo,
una lágrima cae...
y en mi alma de niña
no olvidaré jamás!
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