jueves, 13 de agosto de 2020

PÁRAMO

PÁRAMO

No hay nada para hacer.
Por más que busque,
es letal la interminable letanía de las horas.
Se hace eterno el tic-tac de los relojes,
y ni se para ni se apura el tiempo.
Una acidez de láudano me sube
por la espesa saliva que me inunda
garganta y pecho, 
pulmones y cerebro,
y no hay quien quite este amargor que siento.

No tiene paliativo,
ni remedio.
No tiene antídoto, ni razones adversas,
no denota señales, ni sufre consecuencias.
Simplemente es un síntoma, callado, del vacío,
que atraviesan las almas desoladas.

Nadie tiene la culpa. 
Es el destino.
Es el Hades que a cada uno le cupo.
Un trampolín, un páramo, una sima...
Algún día sabré dónde estaba parada.

Bentancor Conde, María.

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