Lleva el pecado en la frente.
Nadie lo ignora, nadie lo olvida.
Lleva el pecado en los ojos,
mitad verdad, mitad mentira.
Sólo feliz quiso ser,
con lo que tenía de vida,
y se la vé muy feliz,
por más que niegue,
y se desdiga.
Tuvieron muchos testigos,
sus soledades, sus agonías.
Y ahora también los tienen,
sus renaceres, sus alegrías.
Son testigos el cielo, el aire, el viento,
El silencio del cuarto,
y el techo blanco .
Sintieron sus caricias,
el blando pasto,
el claro río.
Y hasta el bosque de pinos
sintió sus ayes,
estremecidos.
Toda esta mezcla dulce
formó un jarabe, dulce ambrosía,
que deben de resguardar
beberla a sorbos, para que dure.
Que no lo sepa nadie, para que nadie se escandalice.
Los mejores amores, son los callados, son los felices.
Bentancor Conde, María.
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