DOLO
Parado bajo el dintel de la puerta,
reflexiona
sin entender porqué, insistentemente,
los grilletes orinados de las horas
aún continúan a roer sin pausa
los bordes insensibles de su porfía.
Para qué se sobreponen los minutos
uno tras otro, si nada consiguen ?
Si todo sigue igual, o aún empeora
sin que haya un atisbo de alegría.
La mejorana en el té de la mañana
no ablanda ni un comino a la desidia.
La acidez de las tardes repercute
y rebota en las paredes cada día.
Se restriega la frente. Entender quiere
porqué las sombras no dan respiro al alma,
porqué sus manos no alcanzan la aurora
ni el esparto disuelve las cenizas.
Para un instante. Respira, visualiza
en el techo imágenes difusas
que son sólo producto de su mente
y que se pintan sin pedir permiso.
Atormentado, se mira en el espejo.
Vé un rostro extraño, ajeno, advenedizo.
que lo mira azorado desde el bórax
y tras el pálido dibujo del azogue
borra con lágrimas el borde inusitado
de lo que quiere ser una sonrisa.
Se recompone, toma aire, alza los hombros,
endereza su espalda, hincha el pecho,
se arenga a viva voz que aún no es tarde
se espeta en plena cara que es cobarde
se autoflagela, sangra, se acaricia,
se seca con las manos las heridas,
recoge de sus pies las lágrimas caídas,
se apunta un dedo, se reta, se incrimina,
se da un sermón a sabiendas que es vano,
y sin mediar palabras ni sonrisas
vuelve a la lucha, siempre !... sin fatigas.
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