Tu dolor me duele, ladronzuelo.
Tu pecado me hunde, mozalbete.
Tu pecado ha hecho que yo peque.
Nunca jamás seré como lo he sido.
Tu dolor caló hondo en mi alma
y sin querer, me duele, como espadas.
Tu desazón debiera ser escudo
y tu bondad cubrir toda tu alma.
Pero no. Te has quedado sin olvido.
Pero sí. Te he querido sin remedio.
Y ya jamás podremos desunirnos
y ya jamás lo intentará el destino.
Para qué te cruzaste en mi camino ?
Dime porqué, para qué, cuándo, cómo y dónde.
Si para tí yo,nunca habré existido,
y para mí nunca más habrá olvido.
Bentancor Conde, María.
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