Ni cuarenta diques ni cuarenta reyes
Podrán detener la fuerza del río cuando se desborde.
Bajará echando espuma por la boca como un dragón enfurecido cuando se desboca.
Arrasará a su paso con árboles y piedras
Y todo lo que se cruce en su camino.
Los hombres tratarán de impedir su paso a toda costa,
Pero será inútil.
Ya nada detendrá la fuerza del caudal arrasador cual de un tsunami.
Se estuvo refrenando mucho tiempo sin sentido,
Y al darse cuenta un día, y percibirlo,
Sintió furia en el pecho y decidió romper toda cadena,
Y trasvasando todo límite y frontera,
Ir a la caza de lo que era suyo.
No intentéis detenerlo ¡ Ahora es libre.
Sólo preso es de un sentimiento único en el mundo.
Amor, le llaman. Y es sublime.
Bentancor Conde, María.
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