Duele saberte dolido
duele el perdón que has pedido,
desmedido,
y al saberte tan herido,
mi querido
mi dolor se va contigo, arrepentido.
Nunca más digas te quiero,
no lo digas,
a esa perra callejera,
malparida
que por una herida abierta
en la cubierta
de su piel dura y transgénica,
te culpa
y te lleva tras las huestes
pestilentes
de miríades
de pobres pecadores
que a su lado
han caído en el abismo
inmaculado
de su boca traicionera,
y han pecado.
Mejor llévate en las puntas de tus alas
alguien que mejor te quiera,
y desespera.
Mejor abre tus oídos y tus ojos
a las voces de otro amor
sin menoscabo.
Bentancor Conde, María.
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