Dónde encuentran las nueces las marmotas
Cuando los bordes anúbicos del bosque
Hunden sus dientes en las astillas destrozadas
Del horizonte al borde del abismo…?
Porqué se cuecen, ávidas, las habas
Anteponiendo anillas a las grullas..?
Porqué braman los ciervos deshollados
Clavando ansiosos sus cuernos en las cúspides..?
Porqué suben salmones depresivos
Por ríos secos donde la simiente
Cavó su hoyo en áridos y estériles
Desiertos de palabras malhadados..?
Infértil es, por tanto, la porfía
Si no lleva semillas coherentes
Amontonada en vértices congruentes
Y que pare versículos frecuentes.
Párome yo, atónita, espantada,
En el páramo desierto de mi mente
Aguijoneando con básculos de hierro,
La tierra yerma, vácua de placeres.
Ya rompió bolsa, derramó la fuente
Que bien pudiera regar las sequedades,
Mas la bebió de un sorbo la soberbia
Y aniquiló, por siempre, las edades.
Sedes de eternidad, de fuerza, de justicia
Quedaron por los valles pisoteadas,
Ignominias brotaron espontáneas
Y fue la luz, surgente, aniquilada.
Qué nos quedó, después de la porfía..?
Qué nos sobró, después de la batalla..?
Cráteres secos, con sus bocas abiertas
Esperando sedientos la semilla.
Es un desierto. Todo está vacío.
Ignominiosas son las aves muertas.
Pero se asoma, lejos, suavemente,
Una luz de esperanza contagiosa.
Bentancor Conde, María.
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